HECTOR POLEO

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Héctor Poleo nació en Caracas el 20 de julio de 1918. En 1930, ingresó en la h3.jpg
Academia de Bellas Artes de esta ciudad, de la que egresó en 1937. El año en
que Poleo comienza sus estudios de pintura, el área de Artes Plásticas estaba
dirigida por el escultor Lorenzo González. En la Academia recibió clases de
profesores como Antonio Esteban Frías, Marcos Castillo y Cruz Alvarez Sales,
entre otros.

Poleo tuvo el privilegio de disfrutar los cambios sucedidos en la Academia en
1936, cambios que se orientaban hacia una actualización de la enseñanza de
las artes visuales, y a reestructurar el método utilizado en dicha enseñanza.
Antonio Edmundo Mosanto, quien conocía a profundidad las corrientes
modernas y el desarrollo de la plástica del momento, es nombrado director de la
nueva Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas. Como primera
medida, Mosanto renueva el cuerpo docente, en tal sentido incorporó artistas
que poseían sólidos conocimientos en pedagogía: entre otros Marcos Castillo,
César Prieto, Juan Vicente Fabbianni, Francisco Narváez. También serán
incorporados al personal docente algunos importantes pintores extranjeros como
el español Ramón Martín Durbán y los chillenos Armando Lira y Marcos Bonita.
De todos estos profesores, quizá sea Marcos Castillo quien más influyó en la
formación de Poleo. Tal y como señala Simón Noriega en su libro sobre el
artista, en las obras de esta época “…afloran las huellas de Cezanne y Bonnard,
quienes seguramente llegaron a Poleo a través de Federico Brandt y de las
lecciones de Marcos Castillo”.




En 1937, Poleo realiza su primera exposición individual en el Ateneo de
Caracas; ésta reunió obras, que si bien cronológicamente están ubicadas dentro
del período académico, en las mismas se perciben intentos hacia un trabajo más
personal, con influencias heredadas del Círculo de Bellas Artes y en la que toma
en cuenta los conocimientos transmitidos por Castillo sobre Cezanne.
Algunas de las obras más conocidas de este período son Vaquera de Gamboa,
1935; Julieta, 1936 y Lectora, 1937. Entre las piezas de corte cezanniano, la que
más destaca la crítica es Vaquera de Gamboa. En esta obra el azul del cielo
parece adelantarse a un primer plano y alejar el corredor y la casa, quedando
éstos en un segundo plano. Poleo estructura el espacio y crea una sensación de
ambigüedad con trazos, manchas y planos de colores aplicados con pinceladas
amplias y h4.jpgpastosas.

En 1938, Poleo obtiene una beca del gobierno nacional, viaja a la ciudad de
México e ingresa en la Academia San Carlos. La estadía en esta capital le
permite conocer a profundidad la obra de los máximos representantes del
muralismo mexicano, así como la posibilidad de estudiar sus técnicas propias. A
este respecto es importante señalar que Poleo supo separar claramente de esta
nueva corriente aquello que en realidad le interesaba, es decir los aportes e
innovaciones en el terreno de las artes visuales; al respecto dice Simón Noriega:
“Al margen de cualquier tipo de compromiso político. Poleo aspiraba formular
una pintura fundamentada en dos grandes pilares: la tradición venezolana, uno,
y la modernidad, el otro”.
No obstante se evidencia en ciertas obras de esos años una intención de
exponer y dar a conocer la realidad venezolana de aquel momento.
En 1940 realiza una exposición en la Galería Decoración de Ciudad de México.
De allí viaja, por primera vez, a los Estados Unidos. Luego regresa a Caracas, y
en 1941 expone en el Museo de Bellas Artes. Más tarde viaja a Bogotá y a
Quito, pasando a su regreso por los Andes venezolanos.
Durante varios años Poleo aplicó la técnica muralista a la pintura de caballete.
Sin embargo, casi todas las obras de este período fueron realizadas en óleo
sobre tela; el artista sólo llegó a elaborar un mural en 1954, el cual se encuentra
en el Edificio del Rectorado de la U.C.V.

Héctor Poleo tuvo conocimiento e información, por vez primera, sobre el
surrealismo pictórico, cuando estudió en ciudad de México. En 1938, después de
la Guerra Civil Española y durante la crisis que antecede a la Segunda Guerra
Mundial, México fue visitado por el pintor Wolfang Paalen y por André Breton,
quien organizó, en 1940, en la capital del país azteca, una importante exposición
con obras de los surrealistas más destacados: Paul Delvaux, Max Ernst, René
Magritte, Ives Tanguy, Salvador Dalí, Joan Miró, etc.; es probable que Poleo
haya visitado esta exposición.
Ese mismo año, hace su primer viaje a los Estados Unidos, entrando en
contacto con los nuevos hallazgos en el arte moderno. Más tarde, entre 1944 y
1948, durante su permanencia en Nueva York, Poleo va a trabajar según los
preceptos surrealistas –llevado por la intensa actividad que en esa ciudad se
realizaba en torno a este movimiento- tomando como principales referencias las
obras de Magritte, Dalí y, en menor proporción, Tanguy.
Hacia 1944, las influencias heredadas del surrealismo empiezan a aparecer en
ciertas obras de Poleo, siendo De la terre á la terre, la pieza que marca la
transición entre la etapa del realismo social y del surrealismo. En relación a este
óleo, Noriega nos dice: “He aquí una de las primeras obras de Poleo concebidas
en clave surrealista, y pintada en un momento cuando todavía no se había
desprendido de su cultura muralista… De la terre a la terre es, en consecuencia,
uno de aquellos cuadros que bien puede


Además de la pintura y el dibujo, Héctor Poleo dominó muchas otras técnicas
artísticas, con las cuales produjo verdaderas obras maestras. Abundante fue su
producción en el campo de las artes gráficas que utilizó fundamentalmente a
partir de los años ’60, creando hermosas litografías y serigrafías que no se
alejan ni temática ni compositivamente de su obra pictórica.
En la década de los ’80 Poleo realiza piezas tridimensionales elaboradas en
acero inoxidable satinado y fundidas en Milano, Italia. De esta serie de
esculturas mencionaremos particularmente dos realizadas en 1983, con motivo
del Bicentenario del Natalicio de Simón Bolívar. Para elaborar la imagen del
Libertador, Poleo toma como modelo el perfil que en el siglo pasado realizara el
francés Roulin. Una de estas piezas se encuentra en París, en la estación de
metro “Bolívar” y la otra en Caracas, en el Instituto Internacional de Estudios
Avanzados, Sartenejas, Estado Miranda; para esta oportunidad también diseñó
dos medallas conmemorativas con el perfil de Bolívar: una encargada por en
Comité Ejecutivo del Bicentenario y la otra por la UNESCO.
A su muerte acaecida en 1989, Héctor Poleo había legado una de las más
importantes, hermosas, abundantes y versátiles obras del patrimonio plástico
venezolano.